¿Alternativas saludables al azúcar?

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Has hecho bien erradicando el azúcar de tu dieta y de tu despensa. Piensa que mientras hace tres siglos se consumían 3 kg por habitante y año, hoy se consumen 70 kg. Y esto sí es exagerado. De modo que has estado huyendo de todos los productos que llevan escrito “azucarado” para llevarte aquellos que dicen “sin azúcar añadido”. Has dado con la solución, piensas, porque hay otros endulzantes que suenan muy bien: azúcar de caña, sirope de arce o de ágavurle, miel, jarabe de maíz, fructosa, jarabe de malta, melaza o dextrosa. Pues bien. Todos estos endulzantes no son más que una pantomima para ocultar que lo que te llevas en tu cesta de la compra no es otra cosa que azúcar disfrazada.

La miel, la más venerada de estas sustancias contiene un 82% de azúcar por gramo más algunas trazas de otros ingredientes que fácilmente encontrarás en otros alimentos de origen vegetal. O sea, de nutritiva, nada de nada: azúcar, agua y poco más.

En cuanto a los jarabes y siropes, más de lo mismo. De hecho los llaman “azúcar líquido”. Se obtienen de distintas plantas, frutos y otros vegetales, hacen que se evapore la mayor cantidad de agua posible y el resultado es un concentrado de azúcar. 70% de azúcar en el jarabe de arce, 76% de azúcar en el jarabe de maíz, 85% en el de agave… eso sí, etiquetados como “ecológicos”.

Y podemos seguir con el azúcar moreno, integral o “natural”. Aquí nos encontramos con un 85 a un 95% de azúcar puro y un resto de minerales y vitaminas que casi casi brillan por su ausencia.

Por su parte, la fructosa, que es uno de los ingredientes que llevan todos estos “azucarantes” que listamos, es un hidrato de carbono simple, es decir, azúcar, pero con un índice glucémico algo menor que el azúcar refinado. Se lo llamó “el azúcar de los diabéticos” ya que provoca una elevación de la glucemia mucho más discreta que la glucosa o la sacarosa. Sin embargo según las estudios más avanzados se hace evidente que la fructosa tiene implicaciones metabólicas devastadoras: incremento de peso, riesgo de diabetes, hígado graso no alcohólico y enfermedad cardiovascular.

¿Alternativas al azúcar? No sé. No hay.

 

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