Combatir la depresión y la desmotivación… caminando

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caminar contra la depresiónDistintos hábitos de los que ni siquiera somos concientes acaban automatizando la actividad de nuestro cerebro y por consiguiente, estresándonos.

Hacer a diario actividades rutinarias hace que caigamos en el abatimiento y por tanto, en la depresión. Nuestro cerebro se vuelve más lento. Al carecer de estímulos nuevos, nuestra atención se apaga. Ya que hay pocas cosas que nos parezcan interesantes, aparecen fallos de memoria y ante la baja motivación el recuerdo es menor. Esto ocurre porque al hacer siempre las mismas cosas se establecen menos conexiones neuronales.

El cerebro automatizado hace que exista menor disfrute y menor creatividad. Y esto se da sobre todo en entornos urbanos en los que no dedicamos tiempo a nuestras necesidades psíquicas y físicas, rodeados como estamos de un contexto contaminado y estresante.

El neurólogo José Ángel Obeso, director del Centro Integral en Neurociencias de Madrid (España) sabe el resultado terapéutico de recetar a sus pacientes depresivos el caminar durante una hora al día, preferentemente en un contexto natural, lejos de los centros urbanos, por bosques, parques, montaña o playa. El no hacerlo repercute en nuestra creatividad, en nuestros procesos cognitivos básicos como son la memoria, la capacidad de comprensión, la atención, etc. Caminar supone liberarse de obligaciones y el cerebro no tiene nada de qué preocuparse mientras andamos. Más aun si recibe una dosis extra de oxígeno y de aire puro.

Tras un par de semanas cuando andar se convierte en un hábito el lóbulo frontal comienza a estimularse y entonces recuperamos nuestra creatividad y nuestro humor. Con la liberación de endorfinas el cerebro se vuelve eufórico y más optimista. La ausencia de presiones genera una bajada del cortisol que suele acompañar al estrés, y empezamos a sentirnos más motivados, más confiados y relajados de manera que podemos ver las cosas de otro modo.   

Según el doctor Obeso, debemos huir de los espacios pequeños a los que estamos acostumbrados, como el supermercado, siempre llenos de gente, en los que se disparan las tensiones, y buscar espacios de esparcimiento en la naturaleza, que busquemos escenarios nuevos, para que se enriquezca nuestro cerebro.

 

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