Ecoaldeas, comunas hippies y otros modos de vida alternativos

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Modos de vida alternativosHuir del mundanal ruido y escoger un modo de vida más sosegado, si se quiere, sin dinero, sin tecnología ni motores, a menudo sin títulos de propiedad, es por lo que optan muchos sobre todo en tiempos de crisis como los que corren. Y no me refiero solo a la crisis económica sino a la crisis generalizada que afecta a todos los sectores, desde la alimentación hasta la educación de los hijos pasando por la crisis energética, de valores, política, etc.

Una opción es el de la comuna urbana anarquista, pero no es la que buscan la mayoría de las personas. La mayoría tiende a alejarse de la ciudad y a establecerse en pueblos abandonados. Pero las dificultades son enormes y muchos no llegan a pasar en ellos un segundo invierno que es cuando afloran las situaciones más adversas.

Muchas de esta comunidades prohíben el uso de motores, usan paneles solares para abastecerse de energía, y trabajan en tareas agrícolas, albañilería o vendiendo artesanías en los alrededores. Además pretenden ser autosuficientes en lo que a alimentos se refiere y se cierran a toda influencia externa lo que hace más complicado el querer entrar a formar parte de ellas.

Según los cálculos del articulista del diario El País, habría unas 2.000 personas viviendo en ecoaldeas y otras comunas por el estilo.

Una de las comunidades alternativas pioneras en nuestro país es la de Matavenero en las montañas de El Bierzo, en León. La otra pionera es Poibueno. Se trataba de dos pueblos abandonados y en ruinas que fueron ocupados en 1989 por iniciativa de ecologistas alemanes. Nadie los reclamó y hoy forman parte del paisaje de la comarca. En Matavenero llegaron a ser 120 personas, hoy queda algo más de la mitad. Las reglas son muy estrictas. Se prohíbe el uso de motores, deben usarse paneles solares, se desaprueba el consumo de alcohol, tabaco o drogas; las letrinas son secas y los desechos se emplean como compost. Solo hay un teléfono que se usa una hora al día y hay una jornada de trabajo comunal. En esta comuna a la que cuando nieva es casi imposible acceder, nacieron 35 niños.

Una veintena de adultos con una decena de niños quieren desarrollar un proyecto distinto en Puente del Arco Iris en Valencia. La diferencia radica en un mayor contacto con la sociedad y pagando impuestos por los terrenos y casas que vayan a ocupar aunque la mayoría las construirán ellos mismos con materiales ecológicos. “El terreno que pronto comprarán los cooperativistas de Arco Iris no tiene la calificación de suelo urbanizable, muy costosa. Les sale a 10.000 euros por adulto, reembolsables en caso de abandono de la comunidad. Vivirán inicialmente en unas ruinas comunales, para luego ir construyendo poco a poco, con prudencia para no vulnerar las leyes urbanísticas. Hablan de compartir bastantes propiedades, no sólo vivienda: también coches o ciertos bienes.” Otras comunidades en Europa llevan el mismo tren de vida, en Escocia, Alemania, etc.

Pero no solo hay ecoaldeas. También existen comunas hippies o fundadas por movimientos contraculturales de los años ’60 en particular en las Islas Baleares pero sin continuidad a excepción de Lakabe, la decana de estas comunas creada en 1980. Y finalmente existen comunas ligadas al cristianismo correlato de la antigua necesidad de retiro y monacato. Existen comunidades que admiten seglares. La más conocida es Turballos en Alicante fundada hace 30 años por el sacerdote Vicente Micó que la declara como “Comunidad Ecuménica, de la No Violencia y Desnuclearizada”. En ella residen unas veinte personas cuya vida se divide entre la oración y el trabajo siguiendo las enseñanzas de Giuseppe Lanza del Valle, discípulo de Gandhi, y que falleciera tras llevar una vida aventurera. Sus rezos no se corresponden con la ortodoxia católica actual. “Acogemos a toda persona independientemente de sus creencias religiosas, respetando su camino y su fidelidad a su tradición”.

La última alternativa es la de las comunidades como Marinaleda en Sevilla con 2.700 habitantes y origen del Sindicato de Obreros del Campo, y en la actualidad prácticamente comunista. “Tras años de lucha, Marinaleda consiguió expropiar las 1.200 hectáreas de un cortijo propiedad del Duque del Infantado. El producto de la tierra -alcachofas, pimientos, aceitunas- se transforma en ocho cooperativas que dan trabajo a todo el pueblo. Oficialmente, no hay desempleo y todos cobran lo mismo, algo más de mil euros.” Allí ni siquiera los domingos son festivos. Una o dos veces al mes se convoca una jornada laboral en domingo y la Semana Santa pasa a ser la Semana de la Paz con actuaciones de Paco Ibáñez o Jarcha.

Opciones no faltan.

Fuente
El País

 

2 Respuestas

  1. M rosa

    26 octubre, 2016 13:40

    Me voy de casa .necessito salir de esta vida antinatural….como puedo harer para pertenecer a una comuna llibre y senzilla.no se por dones empezar

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