Las vacunas salvan vidas

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la importancia de las vacunasNo cabe duda de que las vacunas son el medio de prevención de enfermedades más eficaz en el mundo de todos los tiempos. Pero a algunos les falta memoria histórica.

Si pensamos en la poliomielitis, que era un problema de salud muy importante en la España de los años 60 del siglo pasado, debemos tener presente que esta enfermedad afectó a unos 1770 casos anualmente muchas veces con la aparición de parálisis. Hubo un primer intento de vacuna parenteral con escaso éxito, pero la introducción de la vacuna antipoliomielítica oral hizo que la enfermedad cayese en picado. Hoy no muchos recuerdan los estragos que causó en nuestros compañeros de juegos.

Para el doctor Amós García, jefe de sección de Epidemiología y Prevención de la Dirección General de Salud Pública de Canarias y presidente de la Asociación Española de Vacunología, el problema de las vacunas es justamente su éxito que hace que algunos no recuerden los tiempos en los que no estaban implantadas y que los padres jóvenes no lleguen a darse cuenta de hasta qué punto son importantes estos reforzadores del sistema inmune. Al no verse la enfermedad se piensa que la vacuna ya no hace falta cuando la realidad es que nunca hay que bajar la guardia para que las enfermedades erradicadas no reaparezcan.

“Numéricamente no suponen un porcentaje alto de la población pero sanitariamente cada niño, y cada adulto, sin vacunar significa una oportunidad perdida para evitar muertes y secuelas”, indica María Rosa Albañil Ballesteros, coordinadora del Grupo de Patología Infecciosa de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria. “España es un país con altas coberturas vacunales infantiles, superiores al 95% en primovacunación, lo que demuestra que la población es, en general, mayoritariamente favorable a las vacunas. No solo las aceptan sino que se interesan activamente incluso por las no incluidas en calendario y por tanto no subvencionadas”, añade la doctora Albañil.

En un mundo globalizado y con el trasiego de personas que provienen de países en los que la vacunación es escasa, no solo de países subdesarrollados sino de nuestro propio entorno europeo, hace que los patógenos traspasen las fronteras con facilidad.

En 1998, un médico inglés, Andrew Wakefield, publicó en la revista The Lancet un artículo que desembocó en el rechazo de la vacuna triple vírica al asociarla, sin base científica, al autismo. Pronto fue acusado de tergiversar datos y The Lancet se retractó. Pero el mal ya estaba extendido y su trabajo fue tomado como base para el surgimiento de movimientos antivacunación. En España los grupos antivacunación no tienen gran arraigo de manera general, pero sí de forma local.

Otro problema es que ocasionalmente no hay vacunas disponibles o se las elimina del calendario de vacunación.

El hecho es que enfermedades como la viruela fueran erradicadas gracias a las vacunas o que la transmisión de la hepatitis B de madres a hijos haya disminuído drásticamente hace que no olvidemos que las vacunas sirven para proteger muchas vidas.

 

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